domingo, 29 de noviembre de 2015

Mi corazón no ha podido soportar la pena

Por Nostalgia

Hace casi dos años que trabajo de camarera en el restaurante Windows On The World en la torre norte de las famosísimas Torres Gemelas, en el World Trade Center. Me encanta mi trabajo, disfruto con las caras maravilladas de la gente que toma café y observa Nueva York desde 321 metros de altitud. 


Por cierto, me llamo Helen Griss, y tengo 27 años. Llevo viviendo aquí desde que tenía cuatro o cinco años porque mi madre consiguió un buen trabajo para mantenernos a mi hermana Rachel y a mi. Nacimos en México, tengo sangre latina por las venas. Mi cabello es rubio, la tez no muy clara y los ojos del color de la miel. Tampoco soy demasiado alta, creo que por eso amo tanto mi empleo. Aunque también me gusta por Nick Simmons. ¿No os he contado quién es él? Perdonadme. Es el chico más atractivo del mundo. Hace unos siete u ocho meses que trabaja en una de las cadenas de radio del edificio. Todos los días pide un capuchino a las ocho. Y, claro, siempre que puedo, soy yo quien va a llevárselo. Siempre sonríe cuando se lo entrego. Me derrite.



Mi casa está a un par de calles del trabajo, por lo cual voy andando y me ahorro los típicos atascos de las siete. Hoy llego tarde, anoche no dormí y se me han pegado las sábanas para levantarme.

Entro a toda prisa en el ascensor y choco con alguien. Se le desparraman unos papeles por mi culpa. Maldigo para mis adentros. Me agacho y los recojo todos.

-Lo siento.- me disculpo.

-No tiene que disculparse por nada

Me ofrece una mano para ayudarme a levantarme. La tomo enseguida. Cuando localizo su rostro casi grito de euforia. ¡Es Nick Simmons! Me pongo color escarlata.

-Espera, tú eres la camarera que me trae el capuchino. Qué agradable sorpresa.

-Supongo que sí.

El ascensor para y casi salgo corriendo, huyendo de la terrible tentación de tenerle cerca, de querer tocarle otra vez.

Una vez en la cocina, sustituyo mi cazadora de cuero por un delantal negro, que hace que me vea profesional y culta. Me gusta el uniforme que consiste en una blusa blanca, una falda de tubo negra y unos zapatos con algo de tacón oscuros también. Su sencillez hace que sea elegante.

A las ocho y media me llega la comanda de Nick. Esta vez son dos capuchinos. ¿Está acompañado hoy? Tiemblo antes de tocar su puerta. Doy dos suaves golpes y me adentro en la minúscula habitación. Me recibe con una grata sonrisa de bienvenida, lo cual agradezco. Observo que está solo. ¿Para qué pide dos bebidas?

Los nervios me están jugando una mala pasada. Su cercanía me impide pensar con claridad. Me siento algo mareada y apoyo una mano en la pared para no perder el equilibrio. Al instante me ofrece una silla.

-¿Estás bien?- pregunta.

Asiento con la cabeza.

-Ten, bebe.- me ofrece uno de los capuchinos.

Sin fuerzas para negarme, acepto. Necesito la cafeína para reactivarme.

-No tenías por qué, Nick.

-Sabes mi nombre…

Me encojo de hombros.

-Llevabas desde el miércoles de la semana pasada sin traerme el pedido y ya estamos a martes.

¿Había estado Nick Simmons los días que llevaba sin verme? El corazón me da un vuelco.

-Me llamo Helen Griss.

-No te conozco y ya te echaba de menos.

En ese momento aparece entre nosotros una electricidad que nos atrae. Acaricia muy suavemente mi mentón. Veo el amor en sus ojos. En el silencio de su mirada celeste me grita. ¡Me grita que me ama! Es un día especial este martes 11 de septiembre de 2001. Fundimos nuestras bocas en un beso y, acto seguido, un gran estruendo…